Crónicas de Daniel Estorach – Adelanto de sus próximos proyectos

Para quien no lo sepa Daniel Estorach es el escritor de la saga de novelas “Crónicas de un héroe urbano“, de las cuales os hemos hablado en alguna ocasión y os hemos recomendado como buenos ejemplo de que se pueden escribir novelas de superhéroes o vigilantes con poderes, hacerlo bien y encima que transcurran en España. Ya queda menos para el lanzamiento de la primera adaptación de los libros al cómic llevados a cabo por El Torres y Julián Lopez ([aquí] podéis ver un adelanto del mismo) y para el lanzamiento de la tercera y (en principio) última novela protagonizada por Post-it, pero no será el último trabajo ambientado en este universo ni el único trabajo en el que el escritor se encuentra envuelto. [blog del autor]

stone people daniel storach daniel eduardo mendoza 00

-Stone People. Co-guionizada entre Estorach y Juán González Mesa, lápices de Daniel Eduardo Mendoza y tintas de Juan Albarran, People Stone está concebida como una miniserie de 4 cómics de 24 páginas ambientada en un mundo al más puro estilo de espada y brujería (un Conan de la vida, como se suele decir).stone people daniel storach daniel eduardo mendoza

En palabras de Daniel, La primera miniserie narra la llegada de los protagonistas a La Viuda, la ciudad de los Alquimistas, una ciudad hostil y peligrosa, dominada por intrigas y secretos, para participar en la celebración de los Juegos. Una vez allí, se verán envueltos en una trama de asesinatos y conspiraciones que los llevarán hasta los lugares más recónditos de la ciudad en busca de respuestas.

 

Freak Show 00-Freak Show. Proyecto en el que Daniel trabaja con Juán González Mesa  y Juán Albarrán donde este último se encarga de los lápices y la tinta. Pensada como una miniserie de 6 cómics de unas 22-24 páginas. Una historia con humor bastante negro que en palabras del propio Daniel es una mezcla entre Los Soprano, La Matanza de Texas y Gran Hermano. Una mezcla que como mínimo llama la atención, habrá que ver que sale de ahí.freak show

 

– Mr. None. Es el proyecto más personal del autor ya que lleva trabajando en él desde hace 20 años (que no todos estos años, claro). Ya realizó alguna historia sobre este personaje por entonces pero es ahora junto con Fran Mesas con quien podrá sacar adelante un trabajo más ambicioso con Mr. None. El argumento nos traslada a un psiquiátrico donde está internado el protagonista pero la historia también transcurre en un mundo imaginario que existe en la cabeza de este. mr none 00

 

-EVIL LANDS – AN unEPIC SAGA. Planteada como una miniserie de 4-6 números de unas 22-24 págs. aunque si llegara a darse la ocasión podría alargarse más. La historia nos lleva a un mundo de fantasía donde la humanidad ha sido extinguida por unas razas malignas que lo habitan. En este un grupo de sicarios cansados de servir a su cruel amo deciden seguir a una niña traída mediante magia para que esta les lleve hacia otro mundo lejos de este en el que viven. Mucha fantasía, épica, drama y bastante humor, una combinación que tiene pinta de dar como resultado un trabajo bastante interesante y de cuyo trabajo artístico se encarga Paco Baidal.  evil lands

 

Para terminar el repaso a los futuros proyectos de Daniel Estorach, de los cuales esperamos escuchar (y leer) más cosas, volvemos al universo creado en “Crónicas de un héroe urbano”. Por fin se ha anunciado “La venganza de PekinP” la primera novela de “Tiempo de Héroes“, el proyecto que expande el universo creado en las novelas. Esta se pondrá a la venta en abril editada por Norma Editorial.la venganza de pekinp

Y para los que como un servidor están esperando (deseando) que salga la tercera parte de “Crónicas de un Héroe Urbano” aquí tenéis un pequeño adelanto de la misma. Disfrutadlo.

Hoy os traigo un AVANCE en exclusiva de Crónicas de un Héroe Urbano 3, en concreto el prólogo, para que vayáis abriendo boca mientras termino de escribir la novela y llega a las librerías.

|||| SE RECOMIENDA NO SEGUIR LEYENDO SI NO HAS LEÍDO LAS NOVELAS ANTERIORES ||||

PRÓLOGO

No es la primera vez que visito el centro penitenciario Quatre Camins, pero eso no impide que los nervios aumenten a medida que me aproximo. Si bien no es plato de buen gusto para nadie (o casi nadie) hacer una visita a la cárcel, no es eso lo que me tiene intranquilo. Esta vez, todo es distinto.

Después de abandonar la autopista, mientras recorro el camino asfaltado que me lleva directo a la prisión, no puedo dejar de pensar en el hombre al que voy a entrevistar; un hombre al que la palabra especial le queda corta. La enorme torre de vigilancia, muy similar a las torres de control de los aeropuertos, situada en el epicentro del complejo, me saluda desde las alturas, indicándome que ya casi he llegado a mi destino, y los latidos de mi corazón se aceleran un poco más ante la perspectiva de enfrentarme al encuentro que tanto tiempo llevo persiguiendo.

Ya en las instalaciones, aparco en la zona destinada a las visitas, perfectamente delimitada, y cruzo a pie la carretera que me ha llevado hasta allí, en dirección a la caseta que da acceso al recinto. No puedo evitar contemplar, como cada una de las veces anteriores, los sólidos muros de hormigón rematados con alambre de púas y las pequeñas ventanas protegidas con barrotes de metal, así como las vallas, también metálicas, que recorren todo el perímetro exterior, pero esta vez lo observo todo con ojos distintos; el miedo, la angustia, han dejado paso a la curiosidad. Me pregunto si todas aquellas medidas de seguridad supondrían algún impedimento para el hombre al que vengo a visitar, si decidiera que no quiere seguir encerrado ni un minuto más.

Traspaso la puerta exterior y me dirijo, bajo la atenta mirada de un Mosso d’Esquadra, a una de las ventanillas que hay en la fachada principal. Allí presento mis credenciales a una mujer vestida de gris y azul marino, que a duras penas me dedica dos palabras a través del cristal blindado que nos separa. A continuación hace una llamada y habla con alguien durante unos segundos. Cuelga el aparato y aprieta el botón que desbloquea, con un chasquido metálico, la puerta de acceso a las instalaciones. Al cruzar el umbral y acompañar la puerta hasta cerrarla detrás de mí, como indica el cartel colgado en esta, los nervios empiezan a disiparse, como si aquello fuera la confirmación de que ya no hay marcha atrás, de que ya nada puede fallar. Ahora, por fin, después de más de tres años peleando por conseguirlo, estoy a tan solo unos minutos de realizar la entrevista del año. Tal vez de la década.

Mientras espero a que vengan a por mí, como me ha indicado la recepcionista de la sala contigua, saco mi bloc de notas y empiezo a hacer una lectura en diagonal de la información destacada que tengo sobre el individuo al que he venido a entrevistar. No es por necesidad, pues lo tengo todo memorizado, sino más bien por cumplir con el ritual que sigo desde que me inicié en la profesión.

Transcurridos unos minutos aparece un funcionario al que reconozco de otras visitas, que me saluda amigablemente para luego pedirme el DNI. Un instante después me lo devuelve junto al pase de visitante y la acreditación, que me cuelgo de la solapa de la chaqueta. Luego me ordena que deje la bolsa y todo lo que llevo en los bolsillos en el escáner que hay junto a la siguiente puerta. Esta vez, salvo por el móvil, me dejan pasar con el resto de material, incluida la grabadora que hasta hoy me había estado vetada.

Sigo al funcionario a través de varios puntos de control, donde se repite, hasta cuatro veces, la entrega a los vigilantes de una fotocopia de mi documento de identidad y la posterior apertura de puertas, acompañada del violento chasquido del desbloqueo y del característico sonido metálico al deslizarse estas lateralmente para dejarnos pasar.

Al fin, nuestro recorrido a través de aquellos pasillos interminables termina frente a la puerta de lo que parece un despacho. Miro, algo confundido, al funcionario que me acompaña, pero él se limita a asentir y a indicarme con un gesto de la mano que abra la puerta. Me sorprende que no me haya llevado a una sala de seguridad, como las veces anteriores, pero ahora me doy cuenta de lo absurdo que sería. El hombre al que vengo a ver está aquí por voluntad propia. De no ser así, esta cárcel no sería suficiente para retenerlo.

Antes de abrir la puerta cojo aire y me repito mentalmente que soy un profesional, que estoy más que preparado para esta entrevista, tal vez la más importante de toda mi carrera; que he trabajado muy duro para llegar hasta aquí y me merezco esta oportunidad.

Giro el pomo con una mano temblorosa y empujo mientras doy un paso adelante. Levanto la vista y nuestras miradas se cruzan por primera vez. Él sonríe desde su asiento y, al contemplarlo en persona por primera vez, pienso que estos tres años entre rejas no parecen haberle pasado factura.

Se levanta y me ofrece la mano para que se la estreche. El agente que nos acompaña se limita a observar desde su esquina. Me presento y él se presenta a su vez, como si no lo conociera. Cómo si el mundo entero no lo conociera.

Mientras nuestras manos se unen no puedo evitar pensar que se trata de un sueño, que de un momento a otro voy a despertar para descubrir que mi entrevista con el Justiciero del Post-it, el hombre que lo empezó todo, se la han dado a otro.”

NOTA: este texto no ha pasado todavía por el equipo de corrección y puede cambiar en su versión final.

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