El Héroe 1 y 2: Alimento para la imaginación

Tenía ganas de leer El Héroe desde que apareció el primer volumen (que ya os reseñó Sebas). No estaba familiarizado con la obra de David Rubín, no leía muchos cómics creados en España, pero había algo, ya desde la portada (y desde luego al hojear el tomo impecablemente publicado por Astiberri), que me atraía a él. Finalmente, las fiestas han sido generosas conmigo y he podido ponerle la mano encima a los dos tomos que componen la revisión de Rubín del mito griego de Heracles. Desde luego, la espera ha merecido la pena y, además, me ha obsequiado con algo que no esperaba (algo muy meritorio hablando de historias con tantos siglos y versiones a sus espaldas).

Las portadas de los dos volúmenes de El Héroe

Desde pequeño, soy aficionado a leer textos sobre los mitos clásicos (griegos, romanos, nórdicos, orientales… de toda clase), lo cual me ayudó a ser consciente de la gran cantidad de historias que existen desde que el hombre es capaz de contarlas. Además, desde pequeño, también soy aficionado a los cómics, al tebeo, este arte que tantas veces he visto y oído menospreciar. ¿Mezclar ambas cosas? Siempre a favor. Por ejemplo, si soy un defensor tan entusiasta de All-Star Superman, por ejemplo, no sólo es porque lo sea del guionista Grant Morrison (que sí) o del dibujante Frank Quitely (que también), sino además por sus raíces en el mito griego de Heracles/Hércules, porque coge de él lo que necesita para contar la historia definitiva del superhéore de cómic americano definitivo (no tardando mucho, os hablaré en profundidad de esta obra, ya que ECC la reeditará en Febrero). Así pues, se podría decir que El Héroe tiene en mí un lector regalado, pero todo lo contrario, más bien lo contrario.

David Rubín afronta pues, en mi opinión, una labor que sólo se podría describir con un adjetivo demasiado fácil, dadas las circunstancias: contar la historia de Heracles de principio a fin pasando por las ampliamente conocidas doce pruebas y salir victorioso, es decir, con un cómic con un enfoque fresco, que realmente apartara al lector de sus conocimientos previos y le hiciera sentir que se encontraba ante algo de lo que nunca antes había oído hablar. Y en mi opinión lo consigue. El cómo está apoyado en varios elementos que ahora os comentaré.

Heracles salva a dos niños y su gatito de los tentáculos de Poseidón

El dibujo: Obra de un artista en estado de gracia

Si hay algo que pocos se atreverán a negarle a David Rubín en relación a esta obra es que ha sido visualmente muy valiente y arriesgado, a niveles heroicos, a veces incluso arrogante, como el protagonista de su historia. Sus diseños hacen que sus ideas sean aún mejores, sus hallazgos visuales expresan más que mil palabras, su dinamismo y narrativa son fascinantes, su detallismo perturbador, su uso libertino del color un elemento narrativo en sí mismo… Al final, todo se puede resumir fácilmente: el apartado gráfico es excelente, atrevido y reta al lector.

Comparando ambos volúmenes, tengo que decir que el trabajo en el segundo, me parece superior, pero también a nivel de guión. En el caso del dibujo, en el primer volumen es algo más simple, pero más dinámico y fluido: creo que conforme avanza la historia y envejece el protagonista, el dibujo cambia con él, y ése es un detalle que se aprecia muy bien leyendo los dos volúmenes uno detrás del otro, y algo que queda muy bien viendo la obra en su conjunto (no me encuentro calificado para decir si en el transcurso de la obra también el autor madura su trazo, teniendo en cuenta su ya notable trayectoria).

Heracles, de profesión, héroe

El guión: Actualizar, ampliar, torcer, retorcer y repetir

Algo que llamará mucho la atención a la mayor parte de los lectores adultos (la obra no los admite de otra clase) que se acerquen a El Héroe, probablemente lo que más, es la inclusión de elementos, conceptos y objetos modernos dentro de la historia, y no me extraña. Es muy curioso ver cómo Rubín introduce coches, metralletas, iPods, prensa, publicidad, ciencia actual, ordenadores, etc. en el contexto de la antigua Grecia, pero aún más curioso es cómo se sale con la suya: sin salir de la Grecia a la que Heracles pertenece, lo que consigue es crear un universo paralelo en el que todo lo que nos presenta es posible, en el que ver flechas, robots, magia y astronautas nos parece lo más normal del mundo. Hay una intención, claro, en esta elección estilística, pero me parece lo suficientemente interpretable como para no arruinar su encanto con mis opiniones, probablemente equivocadas.

Por supuesto, es necesario hablar de cómo maneja el autor el material de referencia ya que, en el caso de esta obra, no supone una mera inspiración, sino que es la base fundamental, el esqueleto del relato. Si conocéis la historia de Heracles y sus pruebas con cierto detalle, veréis que en el cómic hay numerosos cambios y añadidos sobre lo ya conocido, y no sólo en el tema estétito, sino también en detalles más importantes. Lo bueno es que, primero, David Rubín hace un trabajo muy bueno recontando esta historia, ampliando detalles, contando historias adyacentes y, al final, consiguiendo que haya una coherencia en su obra que la haga parece una historia y no una sucesión de capítulos (más, creo yo, en el segundo tomo). Lo segundo bueno es que sus añadidos y cambios no resultan gratuitos pero, aún mejor, no importan: los mitos están plagados de versiones, de cambios en las historias según las regiones, según la época, y lo que aquí tenemos resulta una más de ellas (aunque una particularmente bien contada).

Por último, quizá el otro elemento más llamativo de estos dos tomos sea el poderoso componente visceral, sexual y de violencia (física y emocional). Aparte de hacerlo un cómic absolutamente dedicado al público adulto, es impresionante la eficacia con la que Rubín maneja todos estos temas (también gráficamente, como es obvio), consiguiendo que todos hagan su función en el momento adecuado de la historia. Hay autores que sólo saben usar el sexo para una cosa, por ejemplo, y David no es uno de ellos. Por cierto que comentaba esta mañana en las redes sociales que me había costado dormirme después del último acto de esta obra y me respondía su autor que “Ésa era la idea”. Maldito seas, Rubín, maldito seas.

Algún día, rapaz, algún día...

El elemento emocional

Para terminar, tengo que comentar una cosa que puede parecer insignificante dentro de este cómic, pero que para mí no lo es. Me refiero a las páginas que abren el primer tomo y cierran el segundo, páginas que el autor se dedica a sí mismo, resultan un testimonio directo del autor y de lo que piensa sobre El Héroe: es una obra especial, su homenaje definitivo al cómic, una obra que ha tenido mucho trabajo detrás… pero que sólo es una más y ahora toca embarcarse en la próxima aventura. Yo, personalmente, no puedo esperar a acompañarle en ella.

 

El Héroe Volumen 1. Cartoné. Color. 280 páginas. 25 €. Astiberri [2ª Edición].

El Héroe Volumen 2. Cartoné. Color. 288 páginas. 25 €. Astiberri.

7 thoughts on “El Héroe 1 y 2: Alimento para la imaginación

  1. Pingback: Top Ventas Cómics en Diciembre de 2012

  2. Pingback: All Star Superman: La historia definitiva del primer superhéroe » GenComics

  3. Pingback: Wonder Woman 3: Del infierno al cielo » GenComics

  4. Pingback: ¡Hagan juego! ¿Quién se llevará los premios del saló? » GenComics

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *