La indignación (y mucho más) según Manel Fontdevila.

no os indigneis tanto portada

Manel Fontdevila (Manresa, 1965) es uno de nuestros grandes autores, ya sea en álbum (Mentecatos, Superputa), en sus páginas para El Jueves (donde destaca la excepcional serie La Parejita) o en los chistes que actualmente publica, casi a diario, en Eldiario.es, donde se ha convertido en el mejor exponente de un necesario cambio generacional en nuestro humorismo gráfico.

Manel Fontdevila nos ha traído, de la mano de Astiberri, un estupendo regalo: No os indignéis tanto. A mi parecer es uno de los mejores cómics del año y las razones son múltiples. Es novedoso porque como novela gráfica se aleja de la ficción para ser una especie de ensayo, subjetivo y de opinión, sobre los problemas de nuestro sistema político y democrático. Pero ojo, esto no es una cosa de sesuda ideología sino que rebosa un humor la mar de sano e incluso un tono de personal autoparodia. De hecho, el título y la portada en sí mismos ya se contraponen, con ironía, al Indignáos de Stéphane Hessel, un título clave de nuestro tiempo. Esta referencia no debería despistar, porque No os indignéis tanto no es literatura sobre el 15M sino que va mucho más allá e incluye, además de jugosas anécdotas, reflexiones muy afiladas sobre los límites del humor y los beneficios de traspasarlo, sobre la necesaria colleja que merecen los políticos, sobre el corsé cultural heredado de la Transición y, en definitiva, sobre la ruptura como forma de progreso. Y a todo eso hay que añadir algo que resulta clave, porque Manel está especialmente dotado para jugar gráficamente con diagramas, esquemas, líneas de flechas y puntos convirtiendo todo ese arsenal en recursos gráficos poco habituales. No os indignéis tanto nos ha gustado… tanto que hemos charlado un poco con su autor.

GENCOMICS (GC): No sé porqué, pero tenía la sensación de que perteneces al grupo de autores a los que les cuesta embarcarse en una novela gráfica, en una obra larga; y mira, de pronto te descuelgas con una.

MANEL FONTDEVILA: Sí, pero es que no es muy larga, es una obrita. No lo sé, creo que la he podido hacer porque no he trabajado en ella de una forma muy ortodoxa. No es que haya improvisado, pero me he tomado muchas libertades. De todas formas, hacer una novela gráfica no me da pereza, aún pienso hacerla algún día. Me refiero a una novela gráfica ortodoxa, con un argumento, un principio, un nudo, un desenlace, estas cosas; pero de momento me ha salido esto.

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GC: Bueno, aquí también hay argumento, su nudo y su desenlace, aunque aquí podríamos hablar más bien de ensayo, de no-ficción.

MANEL: Sí, es otra cosa, lo que pasa es que, claro, nunca he hecho una novela gráfica y siempre pienso “ya la haremos”; en cambio de repente se me ocurre esto me resulta más interesante porque tiene el punto de hacer ensayo, de hacer un artículo de opinión, y hay que inventarse no una forma de hacerlo pero sí ver cómo lo haces gráficamente, porque no puedo dibujarme, página tras página, únicamente sentado en una silla soltando todo un discurso sino que tengo que inventarme cómo hacer la historia, introducir elementos de historieta, hacer digresiones, buscar trucos gráficos… y es mucho más divertido.

GC: El modo de utilizar los paréntesis, por ejemplo.

MANEL: Bueno, no creo ni que me lo haya inventado yo. Pero sí que es un recurso que funciona, sí. Para este tebeo tenía hecha una escaleta con el argumento que quería y muchas notas apuntadas. Luego lo fui haciendo por grupos de páginas. Hacía un grupo de cinco páginas y luego me ponía a preparar las cinco siguientes. El final del libro me ponía muy nervioso porque no sabía exactamente si cuadraría todo, porque no tenía un guión desarrollado sino que estaba trabajando bastante sobre la marcha.

GC: Empieza contigo indignado por lo incómodo de los aviones.

MANEL: Sí, esa una parte muy importante. Yo estoy indignado con el avión, y me quejo, pero cuando aparece la azafata me callo la boca. Es un poco para que el lector entienda que no voy de líder revolucionario sino que soy como la mayoría, que estoy muy cabreado pero que cuando viene alguien a preguntarme me callo. No sé si se pilla eso pero para mí es muy importante empezar con una demostración de cómo soy: de quejarme mucho pero que cuando viene la azafata con uniforme respondo: “bueno, no pasa nada, sigue, ya lo superaremos”.

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GC: Haces una cosa con la que me he sentido muy identificado: tu confesión de escepticismo de sofá ante el inicio del 15M. No sé si es una cosa generacional, ya que ambos somos de la generación educada durante la Transición.

MANEL: Igual es eso. Al principio, el 15M podía sonarme a lo que digo, a cuando éramos kumbayás, pero luego se vio que tenía más proyección, otra cosa es que esa proyección haya acabado proyectada en algo, pero sí, era otra cosa y no ese “Dios Mío, mi pasado…” que expreso, aunque nunca he sido un luchador a pié de calle. Puede que no me viera reflejado, pero quería expresar lo absurdo que es criticar un movimiento que es asambleario, abierto, porque si has de hacer alguna una crítica vas, bajas y la haces allí y no en casa diciendo “oh, es que esto tendría que ser así y asá”. Es un poco como lo de la azafata, y luego creo que es una cuestión de edad porque los del 15M eran muy jóvenes y yo ya soy un poco mayor y de repente te da todo un poco de pereza, no sé.

GC: O miedo, o más que miedo, la comodidad…

MANEL: Hay un punto de desconfianza hacia “los jóvenes”. Hace mucho tiempo que hablamos mal de los jóvenes porque, claro, no escuchan música tan buena como la que escuchábamos nosotros, hacen cosas diferentes, y de repente montan el 15M y piensas “tampoco lo van a hacer tan bien como nosotros” cuando la verdad es que nosotros nunca hicimos nada, nunca salimos a la calle, al menos de esta forma tan general. No lo sé. Nuestra generación es la de los insumisos. Nuestro techo como lucha fue la insumisión.

GC: Hay una referencia en el libro, uno de esos paréntesis.

MANEL: Esa es una historia que tenía pendiente desde hace años. Yo no fui insumiso porque salí inútil para el servicio militar, así que no tuve ni que preocuparme; pero realmente me indignó cuando CIU se apropió del mérito de acabar con la mili. Es el tipo de cosa que te queda porque nadie dijo nada.

GC: Haces un gran uso de la colleja.

MANEL: Bueno, hay un par de collejas bien dadas, sí.

GC: La colleja es humor de golpe y porrazo, slapstick, muy alejado del humor inteligente.

MANEL: En No os indignéis tanto hago toda una disquisición sobre el humor inteligente… Aunque ojo, porque yo no soy muy de hacer slapstick tampoco, soy más de humor de diálogo que de efectos visuales; pero en un momento dado, porqué no, una colleja a tiempo…

GC: Aunque no hagas slapstick, después de leer tu reflexión sobre el humor inteligente sería ofensivo decir que es el que practicas.

MANEL: Nunca diré que mi humor es inteligente, es otra cosa. Yo no podría hacer dibujos animados, nunca he hecho humor en el que un personaje tropieza y se cae; mi humor no es de movimiento sino de gente que habla… pero que pueden decir barbaridades, no cosas inteligentes.

La Codorniz

GC: También derrumbas el mito de La Codorniz, y haces una defensa no sólo de lo que hubo después sino de lo que había antes.

MANEL: Lo que había antes, claro. Es que La Codorniz no sólo ha ocultado lo que vino después, que puede tener una explicación porque eso interesaba a muchos.. A ver, hay un seguidor honrado de La Codorniz porque es el tipo de humor que le gusta, pero luego están los que te dicen que La Codorniz es el humor inteligente y elegante, que te lo ponen de ejemplo. Pero resulta que ahora es como si fuera nuestra revista de humor más antigua, cuando antes hubo montonazos de revistas satíricas. En Cataluña durante la república había un montón, en parte porque duraban dos años y luego sacaban otra. Y en Madrid, aunque conozco menos, también hubo una buena cantidad, como Gutiérrez, y hoy para la cultura todo esto está perdido, y se trataba de revistas muy buenas.

Gutierrez

GC: La reflexión sobre cómo el humor abre cauces de libertad es maravillosa, citando a Brassens, Monty Python, la famosa portada censurada de El Jueves. Haces una defensa de lo zafio como medio para el progreso.

MANEL: Creo que es así, es decir, lo que tiene de bueno lo zafio o la provocación es que una vez ha pasado el primer impacto, una vez la ha asumido todo el mundo, la provocación se convierte en una chorrada, la sociedad la asume y puedes aspirar a algo más porque te das cuenta que puedes decir esas cosas y que no se hunde el mundo, al principio sí pero luego no pasa nada. Es importante porque abre cauces, como explico en el libro, y hay que aceptar que eso es bueno. No milito en lo zafio pero es muy importante, está muy bien.

GC: Hay un momento en el que te autoparodias de nuevo cuando el 15M te pilla en Valladolid y ves que utilizan chistes de El Roto, como hacen los funcionarios con los de Forges, y un poco de manera egoísta te preguntas si te quitan el sitio.

MANEL: Claro, a mí y a los demás, pero la anécdota es cierta, aunque su inclusión es un poco un detalle del tipo de humor que ayuda a que la historieta avance. Pero es una reflexión que hice in situ, en Valladolid, cuando vi que la plaza estaba empapelada de chistes de El Roto y pensé “Hostia, ¿y no hay ninguno mío?” La verdad es que al final sí que vi alguno. Pero es que es lógico porque El Roto es mucho más sintético y mucho más puñetazo que lo que yo hago.

GC: Esto de las reflexiones in situ que recuperas… ¿No os indignéis tanto es un libro hecho más rápido de lo normal, fruto de un impulso?

MANEL: Lo he dibujado rápido, pero lo he pensado durante mucho tiempo. Hace años que lo voy pensando.

GC: ¿Pensando como cómic?

MANEL: Sí, como cómic, pero tenía dos problemas. Uno era la forma, y que realmente hasta que me he puesto a dibujar no había solventado. Estaba dando vueltas al “¿Cómo lo haré?” y al final me he puesto y ha salido. El otro problema era ordenarlo, porque tenía todos los trozos, una idea general de lo que quería decir al final y cuatro cosas que tenía más claras, como lo de La Codorniz y lo del humor inteligente, pero lo demás lo tenía como en un batiburrillo… lo de los sindicalistas en Santa Coloma, por ejemplo; cosas que tenía apuntadas pero que no sabía muy bien dónde las iba a meter, dónde iban a encajar mejor. Realmente ya hacía tiempo que le estaba dando vueltas, hasta que un día lo ordené, empecé, y pim pim pim. Estuve un tiempo porque la otra cosa que me pasa es que yo no puedo dedicar a una obra tres meses en exclusiva. Tengo que hacer siempre mis trabajos en revistas semanales, en diarios, y eso te va cortando, haces dos páginas pero has de parar para hacer otras cosas, y pueden pasar tres o cuatro días hasta que lo retomos. Es un lío.

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GC: Uno de los momentos álgidos es la representación dramática de la manifestación a la puerta del Parlament de Catalunya, que como tal fue una colleja real a los políticos.

MANEL: Pienso que sí.

GC: Ahí te mojas bastante, porque como explicas el suceso fue muy criticado.

MANEL: Sí; aunque yo no afirmo, yo lo pregunto: “¿Esto lo debemos prohibir?”, porque tampoco lo tengo muy claro. Creo que sí, que puede pasar, y más o menos lo explico, pero no me atrevo a afirmar que esté de puta madre, eso no, hay gente que lleva años pensando sobre este tipo de cosas y no lo ven tan claro, con lo cual te reservas el escape de decir “mire, no estoy muy seguro pero juraría que esto funciona así”. De hecho, en todo el libro, más allá de lo de La Codorniz, que lo tengo clarísimo, no hay muchas afirmaciones tajantes. Incluso cuando hago chistes más que decir “esto es así” lo que hago es plantear que igual es de otra forma. Tampoco me gusta ser tajante con las afirmaciones porque incluso yo, al cabo de los años, leo cosas que he hecho y veo que ahora las pienso diferente.

GC: Lo que no cambia son las referencias al perro Mistetas.

MANEL: Sale, sí. No lo pensaba poner y de repente me ayudó acudir a Mistetas porque la portada censurada de El Jueves no la podía poner, sigue prohibida… quizá se pueda poner como información pero no como objeto humorístico, como chiste.

GC: Igual se puede acudir al derecho de cita.

MANEL: Si, ya, pero estando implicado tenía dudas y al final se me ocurrió esa idea, que es otro gag añadido, y además con el perro Mistetas, un clásico que camina conmigo.

Mistetas

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