Magnus, erótico y fantástico (1980-1995)

Reconozco que mi interés fue inmediato nada más ver entre las novedades expuestas una gruesa antología de historietas firmadas por el italiano Roberto Raviola, más conocido por su seudónimo Magnus. Supongo que es necesario acotar un poco mi súbito impulso por llevarme a casa un cómic como éste. Verán, la cosa es tan personal como que desde hace unos meses me tienta releer la obra más conocida de Magnus, su Necron, aquí editado por La Cúpula hará cosa de tres décadas (y que no está incluido en la presente antología). Guardo buen recuerdo de las desvergonzadas y salvajes aventuras de aquella científica enfundada en cuero negro y su criatura resucitada, el Necron del título, una especie de monstruo de Frankenstein demente y caníbal provisto de un enorme e insaciable atributo sexual.

Milady en el 3000 (1980)

Mi renacido interés no busca sólo refrescar una vieja lectura, también conecta con uno de mis placeres comiqueros más inconfesables: el fumetti popular italiano. Y no, no estoy pensando en los tebeos de Bonelli que aquí edita Aleta sino en sus primos más oscuros: el llamado Fumetti Nero que nació con Diabolik, se propagó con numerosas imitaciones y al que se unió luego una legión de heroínas en top-less que a su vez se miraban en Barbarella. Todo ese aluvión acabó degenerando con los años en cosas como Sukia (que fue muy popular en España) o atrocidades tan infames como las que podían leerse en las páginas de Terror Blu. La opinión unánime es que todos esos tebeos eran bazofia inmunda pero yo veo en ellos un recorrido idéntico al del cine de género italiano y su abisal inmersión en el gore más abyecto e insano. Es ahí donde me interesa ver cómo encaja Magnus y su Necron, comprobar si es parodia o si forma parte del tsunami y sólo se diferencia al estar dibujado por un maestro del pincel; al fin y al cabo Magnus creció como artista dibujando durante años las aventuras de Satanik y Kriminal, dos de las copias más celebres de Diabolik.

Las 110 Píldoras (1985)

Lo cierto es que rastrear todo eso en el volumen que ha editado Norma es una tarea condenada al fracaso, y haber citado cosas como Sukia en esta reseña probablemente sea blasfemia y un sacrilegio al preciosismo gráfico de un dibujante que se apartó de esa industria en busca de una obra de autor. Magnus, erótico y fantástico (1980-1995) compila precisamente esa etapa (excepto Necron) con una edición esmerada y cosas tan de agradecer como detallar fechas y lugar de publicación originales. El volumen se compone de tres obras largas jalonadas con algunas historietas breves, algunas de ánimo experimental, y se abre con una divertida Autobiografía en viñetas.

Las mujeres encantadas (1987)

La primera obra larga es Milady en el 3000, una space opera de estética deliciosamente pop que encontró su perfecto hogar en las míticas páginas de Metal Hurlant. La apariencia inicial es muy festiva, pero la lectura resulta caótica y desordenada. Da la sensación de que Magnus se desentiende de la historia y sólo le interese incorporar influencias estéticas del lejano oriente. De hecho, ese orientalismo chino es el nexo común que cohesiona y da alma a todo el libro, mucho más que la temática erótica y fantástica que se anuncia en el título. Lo confirma la segunda obra larga incluida en la antología, Las 110 píldoras, ya que se trata de la adaptación de una popular novela erótica china. Es, sin duda, lo mejor del álbum y una de los títulos más importantes de su autor (y el único material no inédito del volumen, ya que hace algunos lustros fue publicado por La Cúpula y no hace tanto también por Ponent Mon). Erotismo exquisito y exótico a partir de la historia de un rico hacendado oriental que aumenta su virilidad y potencia sexual con unas pastillas mágicas regidas por reglas concretas y limitadas en su número. La tercera obra larga incluida prosigue esa evolución orientalista. Las mujeres encantadas se compone de siete tradicionales cuentos chinos de fantasmas. La unión de la estética oriental con la atmósfera gótica del buen relato de espíritus y aparecidos es su mayor valor pero también su principal problema, ya que requiere de un deleite y tempo de lectura al que ya no estamos acostumbrados (al menos en mi caso). La riqueza gráfica es impresionante, y en algún momento llega a ser obsesiva por parte del autor, que al parecer ralentizó mucho su trabajo en busca de la imposible perfección. Años más tarde se despediría con un tomo de Tex para Bonelli que le llevó más de un lustro de trabajo (y que no estaría mal recuperar, ya que es un trabajo absolutamente espectacular) . Curioso camino el que emprendió este autor italiano con una obra que parte del tebeo más popular e inmediato y finaliza en la obsesión gráfica por el preciosismo y el detalle.


Magnus, erótico y fantástico (1980-1995) es una lectura imprescindible para los fieles del autor (que digo yo que los habrá); una lectura recomendable para los aficionados al erotismo más exquisito y de qualité; y merece la  contemplación para quien guste del trabajo gráfico de un maestro de la línea clara en blanco y negro. Por mi parte, yo lo único que pido es un integral de Necron.

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