Majareta: la autobiografía bipolar de Ellen Forney

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Siempre que topaba por ahí con Majareta de Ellen Forney (La Cúpula) había algo que me atraía mucho, quizá el grafismo tan vivo y pop, no lo sé, pero sí que mi instinto de lector ávido no suele equivocarse. Me gustan las novelas gráficas autobiográficas, me interesa el género, soy fan de muchas de ellas, y las tuve presentes cuando yo mismo aporté mi granito de arena en forma escrita con Mentiré si es necesario (El Butano Popular). Incluso me gustan algunas de las que tocan el tema de la enfermedad, que es cosa peliaguda y arriesgada porque supone caminar por el filo de la autocompasión. Majareta pertenece a esa rama de lo autobiográfico, su autora padece de trastorno bipolar maníaco depresivo, pero no reculen por ello pues merece la pena y no se regocija, ni mucho menos, en el valle de lágrimas.

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Aunque desconocida por aquí, Ellen Forney es lo que diríamos una ilustradora de prestigio, nominada o ganadora de premios importantes. Merecidos, sin duda, porque el trabajo gráfico de Majareta es estupendo, no sólo porque dibuje bien y sepa simplificarlo en la caricatura, llena de brío y movimiento, sino también por cómo amolda la narración al formato y a partir de ahí despliega un arsenal de recursos espectacular; sabe ser ordenada en la distribución de viñetas cuando el relato afronta la rutina y romper esos márgenes cuando describe el caos personal; su condición de profesional del diseño gráfico la hace ser brillante en el uso de símbolos icónicos, en la diagramación hija del esquema de flujos, en una construcción plástica llena de efervescencia. En definitiva, puro cómic.

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Por lo que hace al relato, es un acierto que empiece en un punto álgido de desorden emocional lleno de entusiasmo irracional. Pese al caos que supone la visión de esa locura hiperactiva está llena de humor, acercándose a la mejor tradición del cómic alternativo o underground. Luego, cuando se hunde en la depresión, no se recrea en ello, o sabe no ser pesada, y al mismo tiempo expresar muy bien lo que se siente en el fondo de ese pozo. Quizá la historia baja un poco de nivel cuando detalla el largo proceso de ajuste de medicación, pero por otro lado tiene sentido que un proceso que se hace eterno se dilate en la historia. Majareta tiene otros puntos de interés: incluye toda una reflexión sobre artistas y creadores que han sufrido de trastornos bipolares, preguntándose si la genialidad de aquellos era hija de su enfermedad. También, ya en el reducto de la escena del cómic independiente norteamericano, incluye cameos de algunos de sus compañeros de profesión como Kaz (Submundo) y sus visitas a la Comicon de San Diego o al Salón portugués de Oporto. En definitiva, una estupenda y recomendable lectura.

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