Nominados del Saló: Un médico novato, de Sento

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Sento fue pionero del underground patrio en su rama valenciana, partícipe en los primeros fanzines que allí se editaron bajo el impulso inicial de Javier Mariscal, que por entonces iba y venía entre su ciudad natal y Barcelona. En publicaciones como Dau-Dau Companya, Els Tebeus del Cingle o Ademuz Km 6, editadas y distribuidas al margen de la industria, enseguida quedó claro que la contracultura gráfica valenciana era muy diferente de la barcelonesa, imponiendo lo mediterráneo a lo urbano y un feliz vanguardismo naïf a la sordidez callejera. Quizá por ello autores como Mircharmut, Daniel Torres o el mismo Sento parecían desentonar en las páginas de El Víbora y acabaron frecuentando las de Bésame Mucho, Cairo o Madriz, que eran tan o más modernas pero inclinadas hacia lo estético y lo gráfico, para conformar lo que se conoció como Nueva Escuela Valenciana, fundamental para el neotebeo español de línea clara. Cuando años más tarde todo se derrumbo, Sento se dedicó a la ilustración y la historieta infantil casi desaparecido del mapa… hasta ahora.

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Un médico novato, ganadora del premio de novela gráfica FNAC 2013 (editado primero por Sins Entido y reeditado ahora por el nuevo sello  de la editorial Salamandra), tiene ya de entrada todo el interés que supone el regreso de Sento al mundo del cómic y, además, tocando un tema que últimamente ha dado algunas obras claves para la historieta española: la recuperación de la memoria desde la perspectiva de las pequeñas historias personales, en este caso la de su suegro, que nada más empezar la Guerra Civil fue encerrado en una prisión franquista y sometido, junto a sus compañeros, a la la atroz incógnita sobre quién iba a ser el próximo en ser fusilado.

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Sento, forjado en el fanzine y revistas, se atreve así con la novela gráfica y lo que supone de libertad (que ya conocía) como de esfuerzo para el autor. Y con un handicap añadido, porque un relato de este tipo siempre será objeto de comparación con títulos como El arte de volar de KimAltarriba. Ante tamaño reto, Sento acierta en no buscar competición alguna, en no complicar la historia ni su narración, evitando el vanguardismo gráfico de antaño, porque lo importante es lo que cuenta. Con enorme modestia expone así, desde un costumbrismo sencillo, la irrupción del terror fascista en la vida de una familia común, la vida cotidiana en una prisión sometida a la cruel dinámica de un sistema de fusilamientos indiscriminados y mostrar, de nuevo, cómo el cómic contemporáneo es medio idóneo para el ejercicio de la memoria colectiva.

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