Para toda la vida: el amor según nuestros abuelos

La carrera de Jacky Goupil en el mercado del cómic francés es de muy amplio recorrido, primero como editor y director de colecciones y, desde hace dos décadas, como nutrido guionista de historietas de corte comercial o mainstream (que al otro lado de los Pirineos tiene rasgos propios y diferenciados). De todo ese trabajo aquí se ha visto poco, apenas la saga de fantasía aventurera La espada de cristal (con lápices de Crissé y editada aquí hace tiempo por Norma en su desaparecida Colección Pandora) o la sonriente recopilación sobre la guerra de sexos ¡Buscando al hombre perfecto! (dibujada por Laeitia Aynié y editada por la antigua Glénat).

Por cubrir un poco el hueco, nos llega ahora Para toda la vida, su primera incursión en la novela gráfica costumbrista y social, acompañado en la parte gráfica por el italiano Claudio Stassi, a quién sí podemos tener más localizado tras dos obras que retratan con crudeza la Sicilia asfixiada por la Cosa Nostra: Brancaccio y Por qué me llamo Giovanni, respectivamente una crónica juvenil sobre la Mafia y una biografía del desaparecido juez Falcone. Eso sin olvidar su implicación con el inquieto grupo de dibujantes residentes, como él, en Barcelona que han llevado a cabo proyectos colaborativos como Barcelona TM o Revolution Complex. Y aunque todo hace indicar que su carrera profesional no se separa del cómic de contenido social, el propio Claudio, con quien tuve la ocasión de hablar brevemente hace unos días, me comenta que acaba de terminar un número de Dampyr y que ahora está enfrascado en otro de Dylan Dog, fumetis populares del sello Bonelli que llenan de orgullo a un dibujante italiano, como no podía ser de otra forma.

Dylan Dog según Claudio Stassi

Para toda la vida, aquí editado por Norma en su Colección Nómadas, recorre la vida de un matrimonio durante 50 años, y la recorre con detalle y algo de parsimonia, quizá demasiada; o no, porque explicar toda una vida aunque se trate de la más común de las vidas, o quizá por eso, requiere todas las páginas del mundo. La historia parte de un hecho trágico, con una curiosa introducción casi de corte policial o de sucesos, para saltar luego a los últimos años de los protagonistas en una residencia de ancianos mientras rememoran anécdotas de sus 50 años juntos. En palabras de sus autores, se trata de un tributo al amor, pero no al amor rosa sino al corriente y moliente que forja una vida en común.


Claudio Stassi aporta su grafismo realista, que aúna la tradición italiana con la ruptura de un Gipi y se perfila dominado por el blanco y negro (no le conozco trabajo en color). Mientras hablamos, me confirma lo complicado de estructurar la narrativa gráfica de este cómic cuando buena parte del mismo acontece en un asilo, y más aún si se concentra en un par de habitaciones con un nutrido número de personajes (que dan un buen tono coral a esa parte de la historia) , cosa que le obligó a poner sobre plano la situación de todos ellos para que todo fluya con sentido.


También es un cómic con una banda sonora muy clara y citada en sus páginas: Edith Piaf y, en menor medida, Georges Brassens. De hecho, esas referencias forman parte de una característica mayor, pues su condición costumbrista le obliga a acudir a sucesos de la historia reciente de Francia, de lo cotidiano a lo histórico, de la invención de la olla exprés a Mayo del 68 pasando por el juego de la petanca. No soy lector que se sienta extraño ante este tipo de referencias locales, al contrario, que de todo se aprende, y más cuando en este caso se complementa con unos destacables extras finales que trazan explicaciones y permiten descubrir, entre otras cosas, el delicioso guiño que se hace a la señorita Jeanne, la enamorada secretaria del genial Gaston el Gafe de Franquin.

La Señorita Jeanne de Franquin

En definitiva, Para toda la vida es una novela gráfica más que correcta cuya lectura puede resultar emocionante si se es afín a lo sentimental, aunque no sea mi caso. Un tributo al amor, pero al amor de nuestros abuelos, un amor diferente al que se lleva en tiempos actuales. También es un cómic que habla sobre la vejez, que es un tema que la historieta apenas tocaba hasta ahora y que señala, en parte, su actual condición de medio adulto sin discusiones. De hecho, sobre la vejez se me ocurren ahora dos obras maestras absolutas: Arrugas de Paco Roca y Un adiós especial de Joyce Farmer (ambas editadas por Astiberri). Para toda la vida no llega tan lejos, pero ahí está.

Portada de la edición francesa de Casterman

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