Paul en Quebec: la vida y Michael Rabagliati

Paul en Quebec portada

Desde que lo descubrí con el primero de sus álbumes, Paul va a trabajar este verano (Fulgencio Pimentel, 2006) —agotado pero con previsión de una nueva edición—, no puedo evitar abalanzarme sobre cada nueva entrega de esta serie autobiográfica del canadiense Michel Rabagliati, cuya edición fue retomada por Astiberri. Así nos llega ahora Paul en Quebec, precedida por su éxito en el mercado francés, donde fue escogido como uno de los esenciales de Angouleme en 2010 así como ganador del Premio del Público, un galardón que nunca hay que pasar por alto.

Aunque admiten perfectamente la lectura independiente, cada nueva novela gráfica supone un paso adelante en el relato de la vida de un autor que se acoge al alter ego de Paul aunque es evidente que se trata de Michel. Hemos conocido al Paul adolescente ejerciendo de monitor en un campamento de verano en Paul va a trabajar este verano; hemos visto su infancia rodeado de tebeos francobelgas —es lo que tiene crecer en el Canadá francófono— en Paul en el campo (Fulgencio Pimentel, 2009); hemos visto como se independizaba y encontraba pareja en Paul se muda (Astiberri, 2010); cómo vivía el embarazo de su esposa y el nacimiento de su primer hijo en Paul va de pesca (Astiberri, 2012) y ahora toca conocer cómo afronta la muerte de un ser querido.

Paul en Quebec 02

La vida, tal y como nos la describe Rabagliati, se entronca en grandes sucesos como el primer amor, el nacimiento de un hijo o la muerte de amigos y familiares, pero a su alrededor se tejen pequeñas historias y escenas, algunas con apariencia de anécdota, que son las que acaban de dar sentido a lo anterior. La vida se compone de cosas grandes y cosas pequeñas, y jugar con ambas es lo que da validez y una potente humanidad a esta serie de novelas gráficas. Paul en Quebec se construye alrededor del suegro de Paul, un hombre fuerte y arisco, hecho a si mismo desde una infancia difícil, al que la edad no perdona y a quien acompañamos, de la mano de su familia, en la decadencia que le supone una larga enfermedad. Pero de ese tronco emanan los pequeños grandes momentos: las reuniones familiares en un Quebec que aspira a ser nación independiente, la llegada de las nuevas tecnologías en el entorno de un ilustrador profesional, la vida en una residencia para enfermos terminales o esa escena, sin duda la mejor, en la que tres hermanas afrontan la muerte de su padre fumando marihuana en el jardín del hospital. Es en esas páginas, donde surge la risa como huida ante la tragedia, que la vida de Paul muestra su realidad a través de lo común, no de lo superficial o de lo grave. Es cierto que se puede hablar de una muerte dulce. Todos querríamos morir tan bien rodeados de seres que te quieren, y ahí se alza un tácito dilema moral que Rabagliati no rehuye, que hay vidas y muertes mejores y peores, pero que todas merecen ser contadas.

paulaquebecpl5

Esta serie de novelas gráficas también me plantean un dilema personal. Son amables y humanas, pero yo siempre me he dejado llevar por aspectos más crudos, violentos o incorrectos. Si esas son mis preferencias como lector, siempre acabo preguntándome por qué me gustan tanto las historias de Paul. En parte se debe a ese cómo lo explica, deteniéndose con delicadeza en lo común, lo cotidiano y el interés por lo coral, que es lo compartido, porque una vida no es algo cerrado sino que se cruza con otras, y eso es algo que suele seducirme como persona que gusta de que le cuenten historias.
Pero que me guste tanto se debe, también en gran parte, al placer estético que me causa su estilo gráfico, esa soberbia línea clara que procede de viejas tradiciones —como los tebeos franco-belgas de toda la vida o de un concreto y exquisito estilo de ilustración y animación de los años 50 del siglo pasado— para adquirir una portentosa estética contemporánea.

Una opinión sobre “Paul en Quebec: la vida y Michael Rabagliati

  1. Buenas, maestro. Dos notas. Esta nos atañe: Paul va a trabajar está ya reeditado, con un formato adaptado al que actualmente utiliza Astiberri y un repaso a la traducción. Esta reedición iba a venir acompañada de un prólogo realizado por el autor pero la fatalidad quiso que su madre enfermara gravemente cuando el hombre se disponía a redactarla y ya no había tiempo para retrasar el libro.
    Otra: con frecuencia algún lector me hace notar que le incomoda cómo Rabagliati arma sus historias. En concreto, un autor muy querido en casa Pimentel me decía hace poco refiriéndose a Rabagliati: "Construir un guión (con todo el artificio técnico que conlleva) a partir de tu biografía siempre hace que el material me parezca impostado, que le vea las costuras… Es fácil resolver el puzzle antes de leerlo". Estoy muy de acuerdo con él, y en especial me resulta sangrante cuando lo que asoma a la superficie es su repertorio de trucos (no son otra cosa) para conmover al lector. Me fastidia que no se sienta capaz de levantar una gran historia sin apelar a dramas "universales", aunque lleguen vestidos de costumbrismo ya desde el título. Pero creo que tanto en "Paul va a trabajar este verano" como en las dos historias principales de "Paul en el campo" y en este "Paul en Quebec", el hombre prescinde de la mayoría de sus trucos habituales y las costuras, que son más visibles que nunca, no nos impiden leer con naturalidad ni creer en el relato. Es como si en esos casos el respeto de Rabagliati por su propia biografía y por los sentimientos que le inspira le impidiera sobreactuar, buscando nuestra empatía a la desesperada. Yo creo que por eso me parecen de lejos sus mejores títulos. Para mi gusto, después de dos patinazos llenos de amaneramiento como "Paul se muda" y, sobre todo, "Paul va de pesca" ("Paul en el parque", por lo que llevo leído, sigue esa línea), "Paul en Quebec" vuelve a ser un gran tebeo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *